Sintomas de la Neurosis

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Algunos llegamos al Movimiento Buena Voluntad 24 Horas de Neuróticos Anónimos después de haber perdido familia, trabajo, amistades, dinero o salud; otros, más jóvenes y quizás aún dueños de alguna parte de su salud emocional, se han acercado al Movimiento porque sus síntomas ya les hacían muy difícil la vida cotidiana.

A muchos nos desconcertó que nos dijeran que en el grupo no había médicos ni psicólogos, ni nadie que estuviera capacitado o autorizado para darnos un diagnóstico de neurosis.

Esa impresión de extrañeza es normal en el recién llegado, que pronto se da cuenta de que los miembros del grupo, quienes sin ningún temor ni reserva se dicen neuróticos, describen gran variedad de síntomas:

Miedos, angustia, tristeza, soledad, desgano o falta de interés por la vida; celos, agresividad, apego excesivo a una pareja u otra persona, insatisfacción, adicción a alguna droga o sustancia, compulsión por comprar, gastar dinero o pedir prestado; ansiedad, desesperación, temor a la locura, ideas suicidas u homicidas, timidez exagerada, problemas de sexualidad, y muchos más.

Algunas personas llegaron al grupo después de ser declaradas “incurables” por la psiquiatría o la ciencia médica. Tal es el caso de un joven que tenía 22 años cuando se decidió a pedir ayuda, después de vivir ocho de ellos en profunda depresión, encerrado en su cuarto viendo televisión. La falta de actividad física atrofió su movilidad y convirtió actividades cotidianas, como el aseo personal, en algo sumamente difícil.

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Los malestares físicos, reales o imaginarios, son otro síntoma frecuente. Un señor llegó al Movimiento cuando tenía 35 años, pero ya se sentía casi un anciano. Padecía gran número de dolencias, entre ellas una pesadez en el pecho que le hacía creer que padecía una enfermedad cardiaca; por ese motivo caía con frecuencia en crisis de pánico. La sensación de asfixia, junto con un gran miedo a la muerte, marcaba el inicio de crisis cada vez más frecuentes.

Otro caso de malestares físicos es el de un hombre de mediana edad que llegó al Movimiento con gastritis y colitis, además de nerviosismo y una gran inconformidad con la vida. Realizaba continuas visitas al médico, pero los medicamentos no le proporcionaban más que alivio pasajero, y no hallaba a qué recurrir para calmar su angustia. Se sentía herido en su amor propio por haber fallado sexualmente con una pareja. El abandono de esta mujer lo hizo caer en un fondo emocional.

Es posible que muchas personas “normales” manifiesten conductas semejantes a las que hemos descrito sin que les produzcan sufrimiento. También puede ocurrir que una persona no manifieste ninguno de los síntomas que hemos descrito y sin embargo, se sienta infeliz o simplemente insatisfecha o incómoda consigo misma. Sólo la persona misma en su intimidad puede hacer el esfuerzo de honestidad que se necesita para decidir si su forma de vivir le produce satisfacción o desdicha.


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