Agorafobia
Estaba en el kínder, no recuerdo si habían pocos o muchos niños, no me llevaba con nadie. Llegaba sola a la escuela porque mi abuela no me acompañaba, ella se quedaba a hacer tortillas y la comida; al finalizar las horas de escuela me regresaba sola, levantaba la malla que era como la espalda del salón, jamás salí por la puerta principal, atravesaba un terreno baldío y llegaba a la casa. De allí que no había necesidad de llevarme o traerme del kínder. Sólo recuerdo que sí había mucha multitud en la puerta principal y eso no me gustaba.
La vez que sentí mucho miedo a la gente fue cuando se realizó un convivio, todos mis compañeritos estaban con sus padres, eran muchas personas las que había y ya no había lugar para sentarse porque no había espacio adentro del salón ni en el patio. No podía pasar con lo que me habían dado para comer, tampoco podía caminar bien e iba muy despacio; llegar al extremo del salón donde se encontraba mi abuela me parecía imposible y se me cayó el pastel. Mi abuela fue a apoyarme a cargar mi comida pero me sentí triste, no pude regresar hasta donde las madres de familia estaban repartiendo la comida y pedir otra rebanada de pastel porque tenía que atravesar de nuevo todo el salón, y sentí temor a que me llamaran la atención porque no tuve cuidado al pasar; qué pensarían de mí, me tacharían de tragona o glotona y preferí no regresar, a pesar de las insistencias de la abuela.
Hubo otra ocasión en donde sentí mucho miedo a la gente. El maestro citó a los tutores de cada alumno a una reunión en una dependencia, no recuerdo si para hacer presión sobre alguna situación de la escuela y por apoyo para su construcción. Estaban los niños y sus padres, llegó un momento en que a las personas las separaron, algunas quedaron encerradas en esa dependencia; a la abuela la veía dentro de las instalaciones pero nos separaban los barrotes y sentí que jamás la volvería a ver. Así estuvimos durante mucho tiempo hasta que los dirigentes, no sé si tuvieron una respuesta positiva y permitieron la salida de las personas que estaban dentro de las instalaciones.
Sólo siento que cuando hay mucha gente en un lugar es como si el tiempo se detuviera, como si algo pasara, me recorre mucho escalofrío, pongo la mente muy alerta porque algo malo va a pasar. De allí que no me gustan los lugares llenos, no salgo a caminar en calles o parques concurridos, no asisto al cine, en sí nada en donde haya multitud. Si asisto a alguna actividad es cuando ya está casi por finalizar, para evitar sentir esa sensación de miedo.
De allí que me vi en la necesidad de buscar ayuda de tipo emocional para superar esta situación, ahora que estoy en el Movimiento Buena Voluntad 24 Horas de Neuróticos Anónimos he podido salir más, se me ha hecho fácil poder estar en lugares públicos sin sentir miedo.
